El 25 de abril de 1986 con el ministro Ernest Lluch a la cabeza veía la luz la Ley General de Sanidad, hoy 25 años después es necesario considerar que la aprobación de la Ley marco el pistoletazo de salida para cimentar en España uno de los mejores y más eficientes sistemas sanitarios mundial.
Podemos señalar dos principios básicos de la ley:
En base al primer punto y partiendo de que las Administraciones sanitarias asegurarán la integración del principio de igualdad entre mujeres y hombres, garantizando su igual derecho a la salud, establece que las actuaciones de las Administraciones públicas sanitarias estarán orientadas a:
Si bien es cierto que los dos principios básicos señalados son ejes centrales de la Ley es necesario también considerar las aportaciones que su aprobación supuso de cara a la investigación sanitaria, así establece que las Administraciones Públicas, a través de sus Servicios de Salud y de los Órganos competentes en cada caso, desarrollarán entre sus actuaciones el fomento de la investigación científica en el campo específico de los problemas de salud.
Señala que las actividades de investigación habrán de ser fomentadas en todo el sistema sanitario como elemento fundamental para el progreso del mismo, contribuyendo a la promoción de la salud de la población.
En su artículo 108 establece que se regulará la dedicación a la investigación de quienes participan en la información, asistencia, docencia y administración. De esta forma la Ley General de Sanidad abría el ámbito de la investigación a todos los trabajadores del sistema sanitario sin límites de ámbito profesional, estatus o jerarquías. La ley que cumple 25 años no dio a las enfermeras la llave de la puerta de investigación, una puerta sobre la que aún continuamos empujando para terminar de abrirla.
Juana Robledo Martín